Nehemías - Reconstruyendo Muros: Planifica y Prepara

Nehemías – Reconstruyendo Muros: Planifica y Prepara

El libro de Nehemías pareciera ser muy histórico, pero es bastante espiritual. La reconstrucción del muro no fue solo física; el Señor tenía un propósito detrás de lo que estaba sucediendo. Israel estaba en uno de sus peores momentos: dividido, invadido, con Jerusalem, el templo y sus muros destruidos, y un pueblo marcado por el exilio, la esclavitud, el llanto y la separación familiar.

La situación de Israel también nos habla a nosotros. Dios es tardo para la ira y grande en misericordia, pero muchas veces enfrentamos las consecuencias de habernos alejado de Él y de buscar lo malo.

Nehemías aparece unos 160 años después de la destrucción de Jerusalem. Al enterarse de la condición de la ciudad, recibe un llamado que nace del dolor:

Nehemías 1:3-4 (RVR 1960): “…. y el muro de Jerusalem derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos”.

Los llamados de Dios muchas veces vienen acompañados de dolor, porque generalmente cuando Dios nos llama tenemos que dejar algo. Nehemías tenía una posición importante como copero del rey, pero dejó todo para obedecer.

Cuando el Señor nos llama, siempre habrá algo que dejar para obedecerlo. El problema es que a veces nos distraemos atendiendo nuestras necesidades o las de quienes están cerca y dejamos de preguntarnos: ¿Qué necesita la obra del Señor? ¿Qué necesita la iglesia?, en lugar de ¿qué necesito yo?

Daniel nos muestra un corazón parecido. Al entender que se acercaba el cumplimiento de los 70 años de cautiverio, no se quedó esperando:

Daniel 9:3 (RVR 1960): “Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza”.

Daniel quería ser parte de lo que Dios estaba haciendo. Nehemías hizo lo mismo. Ese es el corazón de Isaías cuando dice:

Isaías 6:8 (RVR 1960): “Heme aquí, envíame a mí”.

Y también el de Samuel: “Habla, que tu siervo escucha”. Todos dejaron a un lado el dolor propio para ser parte de lo que el Señor estaba haciendo.

EL DIOS QUE RECONSTRUYE LO INVISIBLE

Nehemías, Zorobabel y Esdras participaron en distintos momentos de la restauración de Jerusalem: los muros, el templo y la ley. Sin embargo, el punto central del libro de Nehemías no son las piedras, sino lo invisible. El Señor se preocupa primero por aquello que no podemos ver.

De nada sirve reconstruir muros y templo si hay un pueblo lejos de Dios. Por eso, antes de mover una roca, Nehemías buscó al Señor. Antes de levantar una muralla, derribó su orgullo, confesó sus pecados y los de sus antepasados. El verdadero problema de Jerusalem no eran las piedras caídas, sino la idolatría, el pecado y la distancia espiritual.

Nehemías entendió que no sirve hacer labores físicas sin trabajar primero en lo espiritual. Comenzó llorando, orando, ayunando y confesándose, y luego entró en un tiempo de espera. Lo mismo sucede con nosotros: Dios no nos va a encargar algo si antes no somos genuinos con Él en nuestro corazón.

LA FE NUNCA ELIMINA LA PLANIFICACIÓN

El capítulo 2 nos lleva a una pregunta: ¿Qué debemos hacer mientras esperamos el tiempo del Señor? La respuesta es clara: la fe nunca elimina la planificación. La fe verdadera produce planificación y obediencia.

Decir “si Dios quiere hacer algo, lo va a hacer” puede ser cierto en su soberanía, pero también puede convertirse en una excusa para no hacer nada. Cuando confiamos en las promesas del Señor, nos preparamos de antemano.

Prepararnos no es perder el tiempo; es tener una mayor y verdadera fe. La soberanía del Señor jamás cancela la responsabilidad de los hombres. Dios obra y muchas veces su vehículo son personas preparadas. Moisés fue preparado durante 80 años; David fue preparado con leones y osos; y muchos otros fueron formados antes de cumplir su propósito.

Incluso los discípulos fueron preparados. Eran imperfectos y comunes, pero aprendían, preguntaban y caminaban con Jesús. Dios trabaja, obra y sus vehículos son personas preparadas.

1- LA ESPERA TAMBIÉN FORMA PARTE DEL PLAN DE DIOS

Nehemías recibió el llamado en el mes de Quisleu, pero fue hasta Nisán cuando pidió autorización al rey. Pasaron cuatro meses de silencio bíblico. Sin embargo, la Biblia nunca presenta la espera como una pérdida de tiempo: la espera tiene el propósito de prepararnos y prepararnos para algo más.

Muchas veces el Señor permite que las cosas tarden porque primero nos tiene que moldear. Nos desesperamos porque la puerta todavía no se abre, pero algunas veces esa espera revela que estamos buscando más la bendición que al Dios que bendice.

Queremos ministerio, dirigir o influenciar, pero todavía no tenemos carácter, obediencia ni conocemos la oración. Queremos esposo o esposa, pero todavía no estamos preparados para vivir ese rol. La espera no es un castigo, es un entrenamiento.

Israel debía caminar 40 días por el desierto, pero terminó caminando 40 años. Algunas veces nosotros mismos hacemos más larga la espera por no aprender lo que Dios quiere enseñarnos.

2- LA ORACIÓN PRODUCE PREPARACIÓN, NO PASIVIDAD

Cuando el rey preguntó a Nehemías: “¿Qué cosa pides?”, él oró y respondió de inmediato. Pidió permiso, cartas oficiales, protección, materiales, recursos y tiempo. Nehemías ya tenía todo planificado; solamente esperaba el momento en que Dios tocara el corazón del rey.

Eso significa que durante aquellos cuatro meses no estuvo sin hacer nada. Estaba preparándose para lo que venía porque confiaba en el Señor.

Pensar, calcular, planificar y preparar no nos hace menos cristianos. Dios nos dio capacidades para hacerlo. Cuando el Señor nos da algo, nuestra responsabilidad es prepararnos y hacer nuestro mejor trabajo. Si Dios cambia los planes en el camino, perfecto: esa es su soberanía. Pero a nosotros nos corresponde hacer lo mejor que podamos.

La oración nunca reemplaza la responsabilidad; solamente la dirige. El cristianismo real no se vive con desinterés diciendo “pase lo que pase” o “lo que Dios quiera”. Debemos responsabilizarnos de la obra de Cristo, porque Él nos dio capacidades para trabajar en ella.

Existe una falsa espiritualidad cuando decimos “Dios nos mostrará cuando llegue el momento”. Podemos terminar esperando indefinidamente sin hacer nuestra parte. Pedimos un negocio, que se arreglen las finanzas o que se restaure una familia, pero no aprendemos a administrar, ser responsables ni cambiar nuestra actitud. Muchas veces el cambio comienza cuando alguien reconoce su error, baja la cabeza, pide perdón y decide cambiar.

3- DIOS ABRE LAS PUERTAS PARA LAS PERSONAS PREPARADAS

Dios movió el corazón del rey y le concedió a Nehemías lo que necesitaba, pero Nehemías ya estaba preparado. Por eso podemos decir: Dios es quien abre las puertas, pero nosotros somos quienes pasamos por ellas.

Dios podría trabajar con cualquier otro, pero nos escoge para trabajar con Él. Eso es un privilegio. Sin embargo, algunas veces somos nosotros los que faltamos con nuestra parte. Oramos: “Señor, ábrenos la puerta”, pero cuando se abre no sabemos cómo entrar porque no estábamos preparados.

Si oramos por un familiar que no conoce al Señor y un día decide acercarse a Cristo, debemos estar preparados para responder sus dudas. La preparación es una muestra de fe.

Nehemías también fue un líder prudente. Cuando llegó a Jerusalem, no se apresuró: primero inspeccionó los muros, observó la realidad y después actuó. Un líder sabio no toma decisiones apresuradas; escucha, analiza y considera distintos puntos de vista.

Proverbios 17:28 (RVR 1960): “Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido”.

La falta de entendimiento puede destruir relaciones y llevarnos a decisiones financieras irresponsables. Luego podemos culpar a Dios por las consecuencias de nuestra imprudencia. La prudencia también demuestra cuánto somos maduros espiritualmente.

4- LA OBRA DE DIOS NUNCA LA CONSTRUYE UN HOMBRE SOLO

Nehemías no construyó el muro solo. El capítulo 3 muestra al pueblo trabajando. A cada familia se le asignó una parte cercana a su casa, de manera que todos asumieran responsabilidad en la obra.

El verdadero liderazgo no consiste en que el líder lo haga todo, sino en movilizar al pueblo o equipo hacia una visión en común. Una iglesia madura no responde únicamente al pastor, así como una familia madura no depende únicamente del padre. Un ministerio saludable no gira alrededor de un individuo: es la obra de Dios y todos somos parte de ella.

Como hijos de Dios, nuestra responsabilidad es llevar la palabra de verdad al mundo. Cada uno tiene una parte. Todo sacrificio que hagamos sirviendo a Cristo es valioso, porque Él entregó todo por nosotros.

EL PATRÓN DE NEHEMÍAS

Nehemías nos dejó un patrón extraordinario: identificó el problema, oró, confesó, esperó, se preparó, planificó, inspeccionó, organizó, delegó y construyó. La oración nunca fue un sustituto de la acción, sino el fundamento.

Si hemos comenzado a sentir un llamado de servicio al Señor, debemos preguntarnos: ¿Nos hemos preparado para lo que esperamos? Cuando Dios abra la puerta tendremos una oportunidad para aprovecharla, y debemos estar listos.

El tiempo de espera no es en vano. Aunque a veces los esfuerzos y sacrificios parezcan repetitivos y nadie los vea, Dios está obrando. En las pequeñas actividades puede estar poniendo “piedritas” en el muro que estamos reconstruyendo: cuando enseñamos a nuestros hijos y parece que nadie escucha, cuando doblamos las rodillas y nadie nos ve, Dios nos está preparando.

NUESTRO ESFUERZO TIENE PROPÓSITO ETERNO

Nehemías terminó de construir el muro, pero no alcanzaba a entender todo lo que aquello significaba. Daniel había profetizado:

Daniel 9:25 (RVR 1960): “Sabe pues y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalem hasta el Mesías Principe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos”.

Lo que para el mundo podía parecer pequeño, permitió que años después el Dios todopoderoso hecho hombre pasara por ese mismo lugar, predicara, sanara, fuera juzgado, muriera y resucitara, cambiando al mundo para siempre. Nehemías fue parte de eso.

Por eso, no nos angustiemos cuando estamos construyendo los proyectos del Señor, porque nuestro esfuerzo y cada piedra que ponemos tienen propósito eterno.

ORACIÓN

“Señor, que nunca nos arrepintamos de cada piedra y esfuerzo que hacemos en nuestras vidas, porque tu palabra nos enseña que tienes recompensa para aquellos que entendemos que en esta obra tuya podemos aportar un poquito de nuestras vidas, sumando un poco a esta gran Iglesia tuya. Gracias Padre por tu eterna fidelidad y por darnos entendimiento de que lo menos que podemos hacer es servirte como agradecimiento por lo mucho que nos has dado.

Dios todopoderoso, que sepamos que tus promesas se cumplen y que la espera no es en vano, porque tú siempre eres fiel a tu palabra, aun cuando nosotros somos infieles. Nehemías construyó un muro, pero el Señor estaba preparando una cruz; y lo que comenzó con piedras y puertas terminó con una cruz vacía. Gracias Señor por hacernos parte de tu obra. Padre, que no olvidemos en quién hemos confiado y puesto nuestra esperanza. ¡En el nombre de Cristo Jesús, amén!”

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