"Mensaje a las 7 Iglesias": Carta a Tiatira
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«Mensaje a las 7 Iglesias»: Carta a Tiatira

La prédica de la cual hablaremos hoy es tomada del capítulo 2 versículo 18-19 del libro de Apocalipsis: “Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu caridad, y tu servicio, y tu fe y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras”. Como parte de contexto de esta iglesia es necesario conocer que esta es una de las iglesias más pequeña dentro de las 7 que menciona Juan, famosa por sus tintes púrpuras vegetales y por la fórmula de gremios y sindicatos para sostenerse económicamente a quienes adoraban a dioses distintos. Esta fue también la puerta por la que entró el Evangelio a Europa, y cabe resaltar el significado de la palabra “Tiatira”, el cual es sacrificio continuo.

Añadido a esto, en esta carta, Jesús se identifica a sí mismo como el Hijo de Dios, él muestra su divinidad, como algo que está más allá de nuestro entendimiento, y revela como él es capaz de mirar hasta lo más profundo de nuestro corazón; es por esta razón que  entendemos que la carta tiene un tono de juicio, un tono severo, pero a la vez, viene cargada de palabras de elogio para algunos dentro de esta iglesia que a pesar de que se encontraba en medio de este pueblo idolatra, estaban llenos de amor, haciendo buenas obras, llena de paciencia, fe y que crecía y no se detenían.

Sin embargo vemos en los versículos 20-22 que el Hijo de Dios tenía aún algo contra esta iglesia, algunos no tenían discernimiento y no podía poner orden; es decir  era una iglesia de mucho amor, no eran incapaces de corregir el pecado de los hermanos de la iglesia, no sabía poner límites. Dios hacer referencia al espíritu de Jetzabel, al referirse a la falta y la actitud de la iglesia de Tiatira, lo hace al mencionar a una mujer, a la cual describe como: malvada, diabólica, seductora, que inclinó el corazón de esa nación a que se decidiera por ofrecer inmundicias a otros dioses y caer en adulterio espiritual y así se menciona que había una maestra, falsa profeta enseñando en esta iglesia.

Esta mujer, de la cual se habla en la carta, había inclinado el corazón de esta iglesia para corromperse, no había disciplina en ella, no había corrección del error por parte de los líderes, porque todo era amor. Podemos compararla con nuestra propia actitud, permitiendo a nuestros hijos e hijas que traigan cosas a la casa que no son de agrado a Dios. No debemos permitirlo, no podemos vivir con un pie dentro de la iglesia y otro fuera de ella, en el mundo, contaminándonos, debemos procurar la santidad en todas las áreas de nuestras vidas.

¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar en las series de televisión que ven nuestros hijos, o cuánto tiempo invierten en las redes sociales?, porque si bien es cierto, quizá ya no se practican esas adoraciones grotescas a otros dioses como en los tiempos de antes, idolatramos muchas otras cosas. Por ejemplo, ¿cómo nos estamos vistiendo? nosotros somos la iglesia de Cristo, su esposa, debemos de tener temor santo y reverente a Dios, deseando estar vestidos de lino, sin mancha ni arruga.

¿Es nuestra vida completamente diferente u opuesta a la de la gente del mundo? ¿La gente lo ve y entiende que usted es diferente? La Biblia es muy clara cuando dice que el que ama al mundo no puede amar a Dios. O amas a uno o al otro. Y vemos, en el ejemplo de la iglesia de Tiatira, como el mundo entró hasta el púlpito mismo. Entonces una vez más le pregunto, ¿está entrando el mundo a tu casa? ¿Cómo está la vida de nuestros familiares, de nuestros padres, de nuestros hijos e hijas? ¿Ya hemos evaluado esto? Debemos poner límites para que la presencia de Dios nos acompañe y nos bendiga, para que haya un legado de santidad en nuestras casas.

Este mensaje dirigido a la iglesia de Tiatira, también tiene algo que enseñarnos a nosotros, es tiempo de sentarnos con nuestras familias y evaluar cómo estamos viviendo, si estamos realmente guardando lo santo o estamos viviendo más parecido al mundo? Es indispensable que hagamos un alto y evaluemos si realmente el mundo está entrando a nuestras vidas, en lo individual, en nuestras familias, en lo colectivo, en lo congregacional. Porque debemos estar alertas, vigilantes, no dormidos, ya que el mundo no se detiene y pretende arrasar con todo.

Un ejemplo es el de la iglesia de Tiatira en 1922, expulsó hasta al último cristiano de esa ciudad y desde entonces no existe ni una sola congregación en esa región, más bien persiguen a los cristianos, el problema es que desde el principio estaban mal, había inmoralidad sexual, una vida de desenfreno. Nunca hubo un celo por lo santo y un cuidado por esto, faltaba discernimiento.

Cuidémonos, procuremos la santidad, estemos alerta, porque la Iglesia de Dios, el remanente santo, debe de caminar como Él anduvo. Cierto es que cuando llegamos a la iglesia del mundo, venimos golpeados por el pecado, y somos restaurados y perdonados, se nos da una segunda oportunidad para comenzar algo nuevo, un nuevo comienzo, pero el problema gira en torno a que aún estando dentro de la Iglesia, sigamos trayendo el pecado en nuestras mentes y corazones.

Se comprende, que la fornicación, el adulterio, la inmoralidad sexual son temas de cada día en el mundo, estas tentaciones pretenden absorbernos, pero nuestra predicación tanto con la boca como en la mente no puede ser otra cosa que la Palabra de Dios misma, esta nos dice que la voluntad de Dios es su santificación y la mía, la de nosotros.

Nosotros somos llamados a poner a Cristo como el centro de nuestras vidas y de nuestros matrimonios, sin importar lo que esto implique. Les pongo la siguiente situación: Qué sucedería si están en la empresa del trabajo, y el jefe les demanda cada vez más tareas y más tiempo, hasta el punto en el que todo gira en torno a este, dejando de lado sus familias, la iglesia, el servicio. ¿Cómo responderían? ¿A quién servirían sus corazones? Entonces, una vez más les pregunto, será que nuestras vidas son reflejos de la vida de Cristo, será que podemos decir como Pablo, «¿sigan a mí, porque yo sigo a Cristo? (1 Co. 1:11).

Hagamos un alto en este momento y analicemos nuestras propias vidas, gracias al Espíritu Santo podremos identificar la calidad de nuestra relación con Dios, seremos conscientes de la condición donde nos encontramos con respecto a Dios y la realidad de nuestras mentes. No nos engañemos, no basta con estar cada domingo sentados en la Iglesia, si nuestro corazón sigue lejos de Dios.

Es entonces en el momento de las dificultades y las pruebas cuando vemos la diferencia entre un verdadero creyente y uno que solo ha venido a calentar una silla. El creyente realmente irá en medio de cualquier situación, aún cuando no vea nada, a la presencia de Dios, creyendo y conociendo al Dios a quien está orando, seguro de que ese Dios los levantará y mientras creemos esta verdad, le servimos con alegría porque Dios es Santo. Entonces, en los momentos cuando todos te abandonen o estén en peligro de perder todo, no podemos confiar en acciones incorrectas que no agradan a Dios, sino que debemos correr a refugiarnos en Él, sabiendo que le conocemos y que el Dios grande, alto, todopoderoso, misericordioso que nos escucha, y que toma esa oración con olor fragante.

Regresemos al versículo 21: Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación”. En este texto, podemos ver la misericordia de Dios obrando con esta mujer al darle tiempo, al tocar a la puerta para que ella se arrepienta, quien a pesar de sus actos, de estar dirigiendo a los hijos de Dios a la muerte, siendo ella un instrumento de Satanás, al traer adulación, manipulando y controlando, pero ella no quiere volverse de su pecado. Es por esta razón que Dios dice: “que la arroja en cama, y la deja en gran tribulación”.

Porque nuestro Dios es aquel que es grande en misericordia, también es justo y busca la justicia. Así es como lo demuestra más adelante en el texto, al hacer notorio que tanto para esta mujer como para los que la siguen, que no se vuelven de sus pecados y se arrepienten, habrá muerte, porque el Señor conoció las mentes y los corazones de estas personas y sabía lo que en ellos había. A esta iglesia que vivía de esta manera, se le llama la iglesia adúltera, la avivada pero engañada, la seducida, y esta iglesia no vivió más, el juicio de Dios acabó con ella.

Pero el día de hoy, nosotros no vivimos de una manera muy distinta, llenos de ídolos, el trabajo por ejemplo, el dinero, el fútbol o ejercicio, el carro, la ropa, personas que adoran la inmoralidad sexual. Y les pregunto, no somos nosotros también llamados a buscar la santidad, a amar lo santo y a traerlo a nuestras vidas, hogares, familias, relaciones, no estamos llamados a la santidad en la manera de la que nos vestimos, a cuidar de la santidad?

Pero aunque así viven muchas personas en la actualidad dentro de la misma iglesia, existen algunos otros, un remanente a quienes el Señor les dice: “Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga; pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.”  Y esta es nuestra promesa, que si nos volvemos a Dios, nos arrepentimos de nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad (1 Jn 1:9).

No esperemos más, no hay tiempo que perder, arrepintámonos y caminemos en sentido contrario a como habíamos vivido hasta el momento, renovando nuestra mente, cambiando nuestra actitud pecaminosa y amando y buscando el Reino de Dios por sobre todo.

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