En Cristo Soy: Adoptado
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En Cristo Soy: Adoptado

Dice la palabra de Dios que en Cristo somos adoptados como hijos. Para los que hemos nacido de nuevo no hay mayor gozo que el saber que estamos en Cristo. No hay un título humano que se compare con el significado del hecho de estar en Él.

Somos aceptos por la familia de Dios, no somos abandonados ni rechazados, somos amados por Dios quien puso su mirada en nosotros, aunque no lo merecíamos.

Efesios 1:3-14 es una sola oración donde Pablo habla de varias bendiciones para aquel que está en Cristo. El hecho de que sea una sola oración significa o que tenemos todas estas bendiciones o que no tenemos ninguna. Todas las promesas que están en esta porción de la palabra son para todos aquellos que hemos sido adoptados como hijos de Dios.

Estas promesas son para recordarnos lo que el Señor quiere que vivamos el día de hoy.

A menudo hacemos una diferencia significativa entre un hijo natural y un hijo adoptado, pues pensamos que aquel que nació de los padres fue deseado, mientras que aquel que no fue concebido de esta manera no fue anhelado. Y eso no es así para el Señor.

Como hijos adoptados, Dios quiso en su corazón planear que nosotros fuésemos incorporados en su familia y que fuésemos tan amados como un hijo natural.

Dios dispuso su corazón para recibirnos a nosotros como hijos adoptados.

Lamentablemente el concepto de ser cristiano se ha desvirtuado; y es importante que volvamos al fundamento de entender lo que realmente significa estar en Cristo.

Ser cristiano debería implicar el ser el reflejo de Cristo, sin embargo, vivimos en un tiempo donde el serlo pasó a ser más un título nominal, donde el asistir a una iglesia o tener una religión de membresía define hoy en día a muchas personas que creen ser cristianas sin que hayan tenido realmente un encuentro genuino con el Señor y una transformación de vida.

Debemos asegurarnos de que verdaderamente estamos en Cristo, pues podemos estar viviendo años de años creyendo que somos cristianos cuando en realidad vivimos separados del Señor.

Dice la palabra de Dios en el libro de Efesios capítulo 1, versículos del 3 al 17 lo siguiente:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

#1: Bendecidos con toda bendición espiritual.

Estamos hablando del Creador del firmamento, quien creó cada detalle de este mundo, quien hizo los cielos y la tierra, el Dios de lo eterno, ese Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual. Cada minuto y cada segundo de nuestra vida tenemos puertas abiertas para toda bendición que proviene del Padre.

Podemos dar un paso y en un segundo usar la dimensión de amor que Dios nos da para afrontar determinada circunstancia, tener la paciencia que el Señor nos da para conllevar una situación, disfrutar el gozo que Él nos da en medio de una prueba. Tenemos acceso en todo momento a la bendición derramada por Dios para nuestra vida, para gloria y alabanza de Su nombre.

Dios no es pequeño, Él da TODA bendición a mano abierta para sus hijos.

#2: Fuimos escogidos en Él.

El entender que fuimos escogidos en Él debería romper toda depresión y tristeza en nuestra vida. Si hemos pensado que no tenemos valor debemos apropiarnos de esta verdad: antes que la tierra y el firmamento fueran formados, la mirada de Dios estaba puesta sobre usted y sobre mí.

Aún sabiendo lo malos que somos, las veces que le hemos dado la espalda, los momentos que nos hemos revelado contra Él, aún así; la mirada de Dios estaba puesta sobre nosotros como pecadores e imperfectos.

El Dios que con solo su voz creó la inmensidad del océano y la grandeza de las montañas, nos vio y nos eligió para que le perteneciéramos a Él.

#3: Fuimos destinados para grandeza.

No fuimos construidos por casualidad, Dios nos destinó para promesas. Cuando recibimos la gracia, el Señor nos concede el poder caminar con Él. Hoy caminamos con el Creador del Universo, y nos diseñó para que fuésemos contribuyentes a su obra. Nos dio dones para que pudiésemos ser parte del reino y poder usarnos para su gloria.

#4: Dios nos trajo a su familia.

John Wesley fue el fundador de la iglesia metodista, fue hombre íntegro, misionero, predicaba el evangelio, visitaba cárceles, hacía obra social, y en su biografía este hombre escribió “he sido siervo de Dios y hasta ahora me doy cuenta de que soy hijo”. Podemos estar en la iglesia por años y vivir una vida intachable, pero realmente conocemos el cristianismo cuando conocemos a Dios como un Padre.

Cuando lo conocemos de esa manera, nuestro concepto de Él cambia. Cuando nos equivoquemos; nuestro Padre nos va a corregir, pero su amor por nosotros nunca va a cambiar.

No predicamos, ni compartimos ni creemos en un evangelio sin arrepentimiento, sin embargo; el que se sabe que es hijo va a vivir una vida honrando a su Padre. Nos vamos a equivocar, pero correremos a obedecer, a arrepentirnos y a pedir perdón. El enfoque es que tenemos que quitarnos el concepto de que cualquier error nos quita de la gracia y del amor de Dios.

#5: Somos redimidos.

Fuimos sacados de la esclavitud y comprados a un precio altísimo. El Señor nos ama tanto que pagó el precio más alto, el cual es la sangre de Su Hijo, aun habiendo sido nosotros infieles a Él.

Debemos recordarnos esto todos los días.

#6: Somos perdonados.

Los que estamos en Cristo sabemos de dónde el Señor nos sacó y como hemos sido perdonados buscamos honrar a nuestro Padre. Nos duele deshonrarle.

Cuando sabemos que somos hijos y realmente nos sentimos amados, queremos honrar a nuestros padres terrenales. De la misma manera somos con Dios cuando lo conocemos como un Padre y tenemos esa certeza de ser sus hijos.

¿Por qué respondemos a Dios en obediencia? No porque seamos robots programados, ni por una religión; es porque hemos recibido Su amor y respondemos a Él de la misma manera: en amor.

#7: El Señor nos ha hecho abundantes en riquezas.

Esta no es una riqueza material, sino que Dios nos ha dado acceso a toda sabiduría e inteligencia dice Su palabra. El Señor abrió su biblioteca para que tengamos acceso a preguntarle en cualquier momento sobre cualquier decisión en la que necesitemos sabiduría, sobre cualquier situación que estemos viviendo.

¿Quién es el que no encuentra respuestas? El que no busca. Pero la biblioteca de Dios está abierta 24/7 para aquel que necesita riquezas en sabiduría e inteligencia.

#8: Herederos de todo.

Esta promesa está relacionada a la eternidad. Dice la palabra de Dios, que El Señor va a traer cielo y tierra nuevos; donde en ese momento empezaremos a vivir un modelo donde Él se va a sentar en el centro y todo va a girar alrededor de Cristo.

Todo lo que va a haber en ese cielo y tierra nueva pertenece al Dios, y también pertenece a nosotros; pues somos herederos de todo. Todo lo que el Señor planeó.

#9: una marca de pertenencia.

El Señor nos sella con el Espíritu Santo. Todo lo que está marcado de dicha manera es posesión del Señor. Cuando Dios dice “ese es mi hijo, esa es mi hija” no solo está diciendo que le pertenecemos sino también que Él se hace responsable de nosotros.

El Señor dice en su palabra “caminarán por fuego y no se quemarán, caminarán por agua y no se ahogarán”; Él se encarga de protegernos, de cuidarnos, de guardarnos.

No nos preocupemos, si somos hijos de Dios, Él se encargará de tratarnos como tales.

Para quienes somos padres; si nosotros protegemos a nuestros hijos y tratamos de que no les suceda nada malo, el Todopoderoso dice “somos de Él”, que le pertenecemos.

La Biblia dice que en el mundo tendremos aflicción, situaciones pero que confiemos, porque Jesús ha vencido el mundo.

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