"Mensaje a las 7 Iglesias": Carta a Filadelfia
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«Mensaje a las 7 Iglesias»: Carta a Filadelfia

Este es el penúltimo mensaje a las siete Iglesias, escrito por el apóstol Juan. Retomando lo explicando en mensajes anteriores; Juan, había sido exiliado por el Imperio Romano en la Isla de Patmos. No obstante, esto no fue una limitación para que Dios siguiera usándolo para llevar un mensaje, como se ha dicho en este caso, a las Iglesias. Es importante tener en cuenta algunas premisas.

En primera instancia, Apocalipsis fue un libro para avivar a la iglesia y no para levantar juicio sobre los creyentes; segundo, las cartas son doctrina, porque son palabra de Dios; y en tercer lugar, es preciso estudiar el contexto para comprender que quisieron decir las cartas para la gente a quien iba dirigida en su momento; y así, finalmente, poder darle un sentido y aplicación hoy día. La Biblia en general, y Apocalipsis en particular, no puede leerse literalmente. En cuarto lugar, el libro, tiene como fin último, abrir nuestros ojos espirituales a acontecimientos futuros y del presente.  En este sentido, la lectura de estas cartas, exige por consiguiente un auto-examen paralelo al devenir del relato.

La carta a la iglesia de Filadelfia, es la única de dos (junto con la iglesia de Esmirna) en la que el Señor no levanta un juicio, ni plantea una crítica que sea motivo de preocupación, sino que Dios devela una iglesia que se movía dentro de su orden. La lectura de esta carta sugiere preguntarse acerca de qué es lo que se debería estar haciendo para que la relación con Dios perdure a lo largo del tiempo. Esto es importante, debido al hecho de que, cuando nos sometemos a altibajos, perdemos tiempo, como consecuencia del periodo de recuperación post crisis. Así, queda la sensación de que los planes de Dios se han retrasado. Esta premisa constituye un motivo suficiente para preguntarse: ¿qué fue lo que hizo esta iglesia para permanecer por años bajo la perfecta voluntad de Dios?

En este sentido vale mencionar la tesis de John MacArthur al respecto. Argumenta que las iglesias que Dios manda a corregir, son el modelo de la decadencia espiritual de cualquier persona hoy día. Éfeso, dejó su primer amor; Pérgamo compromete su vida espiritual al traer idolatría a la Iglesia; Tiatira normaliza el pecado; y Sardis, es una iglesia espiritualmente muerta. Esto evidencia un enorme desafío para el cristiano en la sociedad actual, ya que las corrientes de pensamiento que se dicen progresistas tienden a casi censurar el cristianismo.

La pregunta es, cómo hacer para mantenerse firme como cristiano, ante la constante amenaza de rechazo. Esta era la realidad de la Iglesia de Filadelfia. Dice el versículo siete: “escribe al ángel [pastor o mensajero] de la iglesia de Filadelfia, esto dice el santo, el verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra y cierra y ninguno abre.” Era una ciudad ubicada en el Bósforo, actual Turquía, punto de conexión entre Asia y Europa, un punto geoestratégico históricamente importante, puente cultural entre oriente y occidente, una comunidad económicamente fuerte, de tierra fértil por su con condición volcánica; su nombre significa amor entre hermanos (contrariamente a la iglesia de Éfeso).

El Señor se presenta como el Santo y Verdadero, el que tiene la llave de David. Yo conozco tus obras, he puesto delante de ti una puerta que nadie puede cerrar. Dios abre una puerta, esta es una puerta relacional. Has guardado mi palabra y no has negado mi nombre. He aquí yo entrego en la sinagoga de Satanás a los que dicen ser judíos y no lo son, si no mienten he aquí ya haré que vengan y se postren a tus pies y reconozcan que yo te he amado.

De este mensaje se desprenden tres puntos que Dios nos quiere mostrar:  el primero es, cómo ser fieles: “guarden mi palabra y no nieguen mi nombre”. Dios dice que su palabra es infalible. Debemos ser fieles en lo poco para ser llevado a más; ser fieles e íntegros: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre ustedes, y sobre el mundo entero para probar a los que moran en la tierra.” El señor quiere poner sobre nosotros una marca, un sello de amor para sus hijos fieles.

El segundo es: enfocarse en el hecho de que Dios nos ama. Es común que veamos a Dios como nuestro rey, pero muchas veces no como nuestro padre. Debemos ser consistentes en obedecer los mandamientos, para nuestro bien y plenitud.

El tercero es: Dios viene pronto:«he aquí yo vengo pronto, retén lo que tienes para que ninguno tome tu corona, al que venciere yo le haré columna en el templo de mi Dios y nunca más saldrá de allí y escribiré sobre él, el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios: la nueva Jerusalén, la cual desciende de los cielos de mi Dios, y mi nombre nuevo. El que tiene oídos oiga lo que el espíritu quiere decir a las iglesias.»

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